Tegucigalpa
– El presidente Manuel Zelaya se dio un baño populista
y de izquierda que inquietó hasta el más optimista y comprensivo
dirigente liberal y de otros sectores económicos, políticos
y diplomáticos del país por el rumbo que está imprimiendo
a su gestión y con ello al país.
Una recepción en Managua que Daniel Ortega y su Frente Sandinista
solo concede a sus estrechos aliados (Hugo Chávez, Mohamed Gadafi,
Mahmud Ahmadinejad, el ultrarradical presidente iraní y otros),
y una comitiva especial por la incorporación de no solo los antiguos
jóvenes militantes de la izquierda y hoy devenidos en funcionarios
de Estado, sino que también dirigentes militares y empresariales,
algo que no hizo ni en su visita a la Casa Blanca.
También se encontraba un perturbador elemento protocolario, ya
que a la par del mandatario se encontraba Patricia Rodas, en un papel
reservado a las primeras damas, y que por ende la representación
del Estado estaba en manos de una dirigente política afín
al sandinismo.
En todo caso es más preocupante, que la perturbación protocolaria,
la presencia de Patricia Isabel Rodas como presidenta del Partido Liberal
que simboliza la fusión del Estado-Partido, propio de los gobiernos
soviéticos y de las naciones con el socialismo real, algo que
Daniel Ortega promovió el siglo pasado y que busca reflotar en
la presente década, similar conducta impulsa Chávez en
Venezuela.
Cuál es el rumbo
Desde inicios de su administración a inicios del 2006, se observaba
en la conducta de "Mel" Zelaya una actitud de acercamiento
a los gobiernos de izquierda de la región, un no disimulado distanciamiento
hacia Estados Unidos y una confrontación a lo que él llama
grupos de poder en Honduras, tanto empresariales como políticos.
Pero todos lo consideraron una novatez propia de los mandatarios que
llegan al poder sin haber tenido antes experiencias en la gestión
de los asuntos del gobierno.
A lo anterior se sumaba que Zelaya proclamaba que no pretendía
cambiar de socios tradicionales como Estados Unidos, Centroamérica
y la Europa occidental, sino que abrir nuevos espacios y buscar otros
socios políticos y comerciales.
Pero su viaje a Managua a un acto marcadamente partidista, era la celebración
de la toma del poder sandinista por la vía armada, y con la presencia
de Chávez demostraba que no se trataba de un viaje de Estado,
sino a celebrar y convivir con gobernantes que proclaman abiertamente
su aversión a Estados Unidos y su lucha frontal contra las políticas
de Washington.
Chávez proclamó en la celebración sandinista del
jueves por la noche que “nosotros, ante la amenaza del `imperio`
estadounidense, que pretende mantenernos desunidos, dominados y empobrecidos,
no tenemos otra alternativa que unirnos para ser libres”.
Por su lado Ortega acusó que Estados Unidos se aprovechó
de la desunión centroamericana para que los “imperialistas
yankis lo aprovecharon para adueñarse de todos nuestros países”.
Y el presidente Zelaya no se quedó atrás en sus críticos
ataques a Washington, aunque se cuidó de utilizar palabras como
“imperialistas yankis".
Tras saludar al “hermano de los presidentes de Latinoamérica,
mi especial afecto para Hugo Chávez”, dijo que “Centroamérica
mantenga los principios de la unidad como único método
de enfrentar a los que quieren serrar el odio, la destrucción
y división de nuestros pueblos, de quienes nos quieren mantener
con hambre, con ignorancia y aislados”, en una clara y diseccionada
referencia.
Inclinación con la izquierda
Lo preocupante de la situación es que “Mel” con año
y medio en el poder no da muestras de modificar su política exterior
y cada vez más la misma se orienta a alejar a Honduras de la
alianza con Estados Unidos y de reorientarla al bloque anti-imperialista
de Chávez y Ortega, y a la cual se suman Evo Morales en Bolivia
y Rafael Correa de Ecuador.
El entorno del presidente Zelaya, que por décadas han proclamado
y se han beneficiado de las actividades de izquierda, no está
interesada en un cambio de curso y es probable que intensifiquen dicha
conducta a medida que avance el gobierno y lógicamente el mandatario
se va quedando solo en su gestión, tal como le ha ocurrido al
resto de los ex mandatarios.
Resta ver si el partido Liberal seguirá al mandatario en esta
actitud, ya que incluso en el viaje del jueves abandonaron a sus viejos
aliados tradicionales nicaragüenses como son el partido Liberal
Constitucionalista, actualmente dividido en dos tendencias, para favorecer
a Ortega y los sandinistas.
Las implicaciones económicas
Pero los pasos de Zelaya no sólo son seguidos en Honduras por
los diversos actores, sino que también por la comunidad internacional
que cada vez más se interroga hacia donde quiere dirigirse el
mandatario hondureño y con ello a la nación.
Estados
Unidos también ya comienza a expresar abiertamente su malestar
por la conducta de Zelaya y en privado señalan abiertamente que
el mandatario ya prefirió al grupo izquierdista y anti imperialista,
liderado por Chávez, y alejarse de la alianza tradicional con
Washington.
Esto deja
a Honduras en una situación vulnerable en términos económicos
y de seguridad nacional.
Para los
estadounidenses el viaje a Managua, así como enviar a Jorge Arturo
Reina como representante hondureño ante las Naciones Unidas en
Nueva York representa la claridad de la opción de “Mel”
Zelaya.
Justamente
Reina es considerado en Estados Unidos como una persona vinculada a
actividades contrarias a sus intereses, ya que en los años 80
del siglo pasado lo consideraron terrorista y una década después
las evidencias en una epístola conocida como “besitos para
July” le vincularon con protagonistas de un sonado tráfico
de personas provenientes de Asia con pasaportes hondureños, que
se conoció en Honduras como el “Chinazo II”.
Todo lo anterior se da justamente cuando Estados Unidos aprobó
que Honduras fuera beneficiada de las condonaciones de deuda con el
Fondo Monetario Internacional (FMI), los bancos Mundial e Interamericano
de Desarrollo (BID), así como la deuda bilateral.
Todo lo anterior sin contar que virtualmente la mitad de las divisas
que recibe el país, cerca de 4,000 millones de dólares,
provienen de Estados Unidos vía remesas, maquila y exportaciones,
mientras los socios del bloque izquierdista latinoamericano no llegan
ni a los 100 millones de dólares.
Peligro para la seguridad nacional
El otro componente peligroso de la opción izquierdista seleccionada
por “Mel” es el referente a la seguridad nacional.
Washington no sólo es el proveedor de divisas y que alberga a
casi un millón de hondureños en territorio estadounidense,
sino que también ha sido el padrino militar.
La fuerza aérea, la columna vertebral de la defensa militar para
resguardar la soberanía territorial, depende en más del
95 por ciento de Estados Unidos, ya que el parqué de aeronaves
fueron provistas por Estados Unidos.
La operación de los F-5, los helicópteros y los aviones
de transporte de guerra está supeditada a que Estados Unidos
provea los repuestos necesarios anualmente, amen de los equipos navales
y del ejército de tierra como fusiles, equipo de artillería
y las vitales comunicaciones militares.
Un enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos puede conducir
a un congelamiento del envío de piezas militares o repuestos
para la aviación de guerra y Honduras se quedaría virtualmente
sin los medios de disuasión militar creíbles que posee
en la región.
Y Estados Unidos juega con dichas armas sino está el caso venezolano
para recordarles a los dirigentes hondureños.
Venezuela tiene una dotación de F-16, pero que virtualmente están
en tierra ya que Estados Unidos bloqueo la venta de repuestos desde
hace cinco años.
A los intentos del gobierno de Chávez de adquirirlos en el mercado
o sustituir con nuevos aparatos, también Washington bloqueó
ya que mucha de la tecnología de guerra está en manos
de Estados Unidos aunque se fabriquen en Europa o Brasil.
Chávez no tuvo más opción, aprovechando los altos
precios del petróleo que vende precisamente a Estados Unidos
su tesorería reboza de dólares, sacar la chequera y realizar
compras superiores a los 2,000 millones de dólares a la otra
potencia militar del planeta, Rusia.
Compró con efectivos de los petrodólares más de
20 aviones Mig y Sukhoi rusos, 100,000 fusiles AK, está negociando
la compra de submarinos rusos y un sistema de defensa aérea.
Pero Honduras no cuenta con los dólares del petróleo y
justamente los F-5 son un regalo estadounidense de los años 80
del siglo pasado que sirvió justamente para disuadir la maquinaria
de guerra sandinista que patrocinaba la entonces Unión Soviética
y Cuba.
Diferendos latentes
Justamente el estamento militar nicaragüense, heredero del Ejército
Popular Sandinista, recuerda cada ciertos meses que no pueden destruir
unos 1,200 misiles Sam-7 que posee porque los tienen reservados en casos
de hacerle frente a los F-5 hondureños, ya que alegan que tiene
problemas limítrofes marítimos ya que anhelan varias decenas
de miles de kilómetros en el mar Caribe al señalar que
el paralelo 17 es su frontera y no el 15 como ha sostenido Honduras.
Además está pendiente la demarcación total con
El Salvador, otro ejército que no olvida precisamente que su
expansión territorial fue impedida en la guerra de 1969, porque
perdieron el control del espacio aéreo, ya que los oficiales
de la fuera aérea de entonces lograron derrotarlos en combates
aéreos y desde ahí lograron bombardear sus instalaciones
estratégicas como instalaciones de combustibles.
En función de todo lo anterior, Honduras tiene muchos intereses
que perder y eso deben entenderlo el presidente Zelaya y su cerrado
círculo de allegados al poder que tiene en su entorno, porque
de los contrario los hondureños serán los más perjudicados,
porque al final de cuentas a él solo le queda dos años
y medio en el poder.