23 de julio de 2007
Redacción Proceso Digital

  • Su preferencia por el bloque izquierdista latinoamerico pone en riesgo los intereses nacionales de Honduras, según analistas
  • Su entorno siempre se ha beneficiado de jugar a la izquierda, aunque disfrutan de las comodidades del poder antes y ahora
  • EEUU parece haberse cansado de los juegos de Zelaya y podría haberlo marcado ya
  • Seguridad nacional en juego, ya que un bloqueo estadounidense nos dejaría con soldados, pero sin equipo militar viable y creíble.

Tegucigalpa – El presidente Manuel Zelaya se dio un baño populista y de izquierda que inquietó hasta el más optimista y comprensivo dirigente liberal y de otros sectores económicos, políticos y diplomáticos del país por el rumbo que está imprimiendo a su gestión y con ello al país.

Una recepción en Managua que Daniel Ortega y su Frente Sandinista solo concede a sus estrechos aliados (Hugo Chávez, Mohamed Gadafi, Mahmud Ahmadinejad, el ultrarradical presidente iraní y otros), y una comitiva especial por la incorporación de no solo los antiguos jóvenes militantes de la izquierda y hoy devenidos en funcionarios de Estado, sino que también dirigentes militares y empresariales, algo que no hizo ni en su visita a la Casa Blanca.

También se encontraba un perturbador elemento protocolario, ya que a la par del mandatario se encontraba Patricia Rodas, en un papel reservado a las primeras damas, y que por ende la representación del Estado estaba en manos de una dirigente política afín al sandinismo.

En todo caso es más preocupante, que la perturbación protocolaria, la presencia de Patricia Isabel Rodas como presidenta del Partido Liberal que simboliza la fusión del Estado-Partido, propio de los gobiernos soviéticos y de las naciones con el socialismo real, algo que Daniel Ortega promovió el siglo pasado y que busca reflotar en la presente década, similar conducta impulsa Chávez en Venezuela.

Cuál es el rumbo
Desde inicios de su administración a inicios del 2006, se observaba en la conducta de "Mel" Zelaya una actitud de acercamiento a los gobiernos de izquierda de la región, un no disimulado distanciamiento hacia Estados Unidos y una confrontación a lo que él llama grupos de poder en Honduras, tanto empresariales como políticos.

Pero todos lo consideraron una novatez propia de los mandatarios que llegan al poder sin haber tenido antes experiencias en la gestión de los asuntos del gobierno.

A lo anterior se sumaba que Zelaya proclamaba que no pretendía cambiar de socios tradicionales como Estados Unidos, Centroamérica y la Europa occidental, sino que abrir nuevos espacios y buscar otros socios políticos y comerciales.

Pero su viaje a Managua a un acto marcadamente partidista, era la celebración de la toma del poder sandinista por la vía armada, y con la presencia de Chávez demostraba que no se trataba de un viaje de Estado, sino a celebrar y convivir con gobernantes que proclaman abiertamente su aversión a Estados Unidos y su lucha frontal contra las políticas de Washington.

Chávez proclamó en la celebración sandinista del jueves por la noche que “nosotros, ante la amenaza del `imperio` estadounidense, que pretende mantenernos desunidos, dominados y empobrecidos, no tenemos otra alternativa que unirnos para ser libres”.

Por su lado Ortega acusó que Estados Unidos se aprovechó de la desunión centroamericana para que los “imperialistas yankis lo aprovecharon para adueñarse de todos nuestros países”.

Y el presidente Zelaya no se quedó atrás en sus críticos ataques a Washington, aunque se cuidó de utilizar palabras como “imperialistas yankis".

Tras saludar al “hermano de los presidentes de Latinoamérica, mi especial afecto para Hugo Chávez”, dijo que “Centroamérica mantenga los principios de la unidad como único método de enfrentar a los que quieren serrar el odio, la destrucción y división de nuestros pueblos, de quienes nos quieren mantener con hambre, con ignorancia y aislados”, en una clara y diseccionada referencia.

Inclinación con la izquierda
Lo preocupante de la situación es que “Mel” con año y medio en el poder no da muestras de modificar su política exterior y cada vez más la misma se orienta a alejar a Honduras de la alianza con Estados Unidos y de reorientarla al bloque anti-imperialista de Chávez y Ortega, y a la cual se suman Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa de Ecuador.

El entorno del presidente Zelaya, que por décadas han proclamado y se han beneficiado de las actividades de izquierda, no está interesada en un cambio de curso y es probable que intensifiquen dicha conducta a medida que avance el gobierno y lógicamente el mandatario se va quedando solo en su gestión, tal como le ha ocurrido al resto de los ex mandatarios.

Resta ver si el partido Liberal seguirá al mandatario en esta actitud, ya que incluso en el viaje del jueves abandonaron a sus viejos aliados tradicionales nicaragüenses como son el partido Liberal Constitucionalista, actualmente dividido en dos tendencias, para favorecer a Ortega y los sandinistas.

Las implicaciones económicas
Pero los pasos de Zelaya no sólo son seguidos en Honduras por los diversos actores, sino que también por la comunidad internacional que cada vez más se interroga hacia donde quiere dirigirse el mandatario hondureño y con ello a la nación.

Estados Unidos también ya comienza a expresar abiertamente su malestar por la conducta de Zelaya y en privado señalan abiertamente que el mandatario ya prefirió al grupo izquierdista y anti imperialista, liderado por Chávez, y alejarse de la alianza tradicional con Washington.

Esto deja a Honduras en una situación vulnerable en términos económicos y de seguridad nacional.

Para los estadounidenses el viaje a Managua, así como enviar a Jorge Arturo Reina como representante hondureño ante las Naciones Unidas en Nueva York representa la claridad de la opción de “Mel” Zelaya.

Justamente Reina es considerado en Estados Unidos como una persona vinculada a actividades contrarias a sus intereses, ya que en los años 80 del siglo pasado lo consideraron terrorista y una década después las evidencias en una epístola conocida como “besitos para July” le vincularon con protagonistas de un sonado tráfico de personas provenientes de Asia con pasaportes hondureños, que se conoció en Honduras como el “Chinazo II”.

Todo lo anterior se da justamente cuando Estados Unidos aprobó que Honduras fuera beneficiada de las condonaciones de deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo (BID), así como la deuda bilateral.

Todo lo anterior sin contar que virtualmente la mitad de las divisas que recibe el país, cerca de 4,000 millones de dólares, provienen de Estados Unidos vía remesas, maquila y exportaciones, mientras los socios del bloque izquierdista latinoamericano no llegan ni a los 100 millones de dólares.

Peligro para la seguridad nacional
El otro componente peligroso de la opción izquierdista seleccionada por “Mel” es el referente a la seguridad nacional.

Washington no sólo es el proveedor de divisas y que alberga a casi un millón de hondureños en territorio estadounidense, sino que también ha sido el padrino militar.

La fuerza aérea, la columna vertebral de la defensa militar para resguardar la soberanía territorial, depende en más del 95 por ciento de Estados Unidos, ya que el parqué de aeronaves fueron provistas por Estados Unidos.

La operación de los F-5, los helicópteros y los aviones de transporte de guerra está supeditada a que Estados Unidos provea los repuestos necesarios anualmente, amen de los equipos navales y del ejército de tierra como fusiles, equipo de artillería y las vitales comunicaciones militares.

Un enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos puede conducir a un congelamiento del envío de piezas militares o repuestos para la aviación de guerra y Honduras se quedaría virtualmente sin los medios de disuasión militar creíbles que posee en la región.

Y Estados Unidos juega con dichas armas sino está el caso venezolano para recordarles a los dirigentes hondureños.

Venezuela tiene una dotación de F-16, pero que virtualmente están en tierra ya que Estados Unidos bloqueo la venta de repuestos desde hace cinco años.

A los intentos del gobierno de Chávez de adquirirlos en el mercado o sustituir con nuevos aparatos, también Washington bloqueó ya que mucha de la tecnología de guerra está en manos de Estados Unidos aunque se fabriquen en Europa o Brasil.

Chávez no tuvo más opción, aprovechando los altos precios del petróleo que vende precisamente a Estados Unidos su tesorería reboza de dólares, sacar la chequera y realizar compras superiores a los 2,000 millones de dólares a la otra potencia militar del planeta, Rusia.

Compró con efectivos de los petrodólares más de 20 aviones Mig y Sukhoi rusos, 100,000 fusiles AK, está negociando la compra de submarinos rusos y un sistema de defensa aérea.

Pero Honduras no cuenta con los dólares del petróleo y justamente los F-5 son un regalo estadounidense de los años 80 del siglo pasado que sirvió justamente para disuadir la maquinaria de guerra sandinista que patrocinaba la entonces Unión Soviética y Cuba.

Diferendos latentes
Justamente el estamento militar nicaragüense, heredero del Ejército Popular Sandinista, recuerda cada ciertos meses que no pueden destruir unos 1,200 misiles Sam-7 que posee porque los tienen reservados en casos de hacerle frente a los F-5 hondureños, ya que alegan que tiene problemas limítrofes marítimos ya que anhelan varias decenas de miles de kilómetros en el mar Caribe al señalar que el paralelo 17 es su frontera y no el 15 como ha sostenido Honduras.

Además está pendiente la demarcación total con El Salvador, otro ejército que no olvida precisamente que su expansión territorial fue impedida en la guerra de 1969, porque perdieron el control del espacio aéreo, ya que los oficiales de la fuera aérea de entonces lograron derrotarlos en combates aéreos y desde ahí lograron bombardear sus instalaciones estratégicas como instalaciones de combustibles.

En función de todo lo anterior, Honduras tiene muchos intereses que perder y eso deben entenderlo el presidente Zelaya y su cerrado círculo de allegados al poder que tiene en su entorno, porque de los contrario los hondureños serán los más perjudicados, porque al final de cuentas a él solo le queda dos años y medio en el poder.