| La
trasnacional del secuestro toma fuerza en Latinoamérica |
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Las cada vez más difusas fronteras han permitido a los secuestradores estrechar relaciones con sus pares de los países vecinos e incluso hablar hoy del "trasteo" de rehenes, como el que insinúa el gobierno colombiano se hizo con Ingrid Betancourt, quien cumple mañana cinco años en poder de las FARC. Colombia, hasta hace poco el país con el mayor número de raptos del mundo, es el que más se queja de la existencia de esa red trasnacional y acusa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de "exportar" sus técnicas a la región y de usar las zonas selváticas de frontera para llevar a los plagiados a otros países. La cooperación de los rebeldes colombianos se evidenció en el 2005, cuando el gobierno paraguayo responsabilizó a las FARC de asesorar a militantes del sector radical del Partido Patria Libre (PPL) para que secuestraran en septiembre de 2004 a la hija mayor del ex presidente de Paraguay Raúl Cubas Grau (1998-1999).
En
Honduras, este año se han registrado al menos tres secuestros,
mientras que en 2006
sumaron 16, según la Policía. Todos han sido resueltos sin
consecuencias fatales, algunos tras el pago de rescate. El dinero que se entregó por la liberación de Doria Medina, ex ministro de Planeación, fue usado por los insurgentes peruanos para planear y ejecutar dos años después el asalto a la embajada japonesa en Lima.
Años después, un grupo de extremistas integrado por tres chilenos, dos colombianos y una argentina nacionalizada española, y liderado por Mauricio Hernández Norambuena, un conocido ex guerrillero de Chile, secuestró en 2001 a un publicista brasileño con la finalidad de obtener recursos para financiar su movimiento. Una de las retenciones por causas políticas que tuvo resonancia ocurrió el 2 de enero de 1994 en México, cuando un día después de alzarse en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomó como rehén al general retirado y ex gobernador del estado de Chiapas, Absalón Castellanos, a quien liberaron días después. Asimismo, Costa Rica ha sufrido casos de secuestros por parte de bandas internacionales que se unen a delincuentes nacionales para cometer los raptos. El caso más reseñado fue el secuestro en 1996 de la alemana Nicola Fleuchaus y la suiza Regula Susana Siegfried por parte de un comando integrado por costarricenses y ex guerrilleros nicaragüenses que negociaron la liberación con los familiares de las europeas. Otro de los raptos que tuvo un amplio despliegue en 1992 fue el del entonces ministro costarricense de Seguridad, Luis Fishman, a manos del hondureño Orlando Ordóñez, quien se las arregló para llevar a su rehén a Honduras en avión y exigir el pago de 100.000 dólares por su liberación.
El banquero panameño Sam Kardonsky fue secuestrado en 1984 en el país centroamericano por rebeldes colombianos y entregado en Ecuador en noviembre de 1985 tras el pago de una recompensa. Las FARC también secuestraron en esa nación en enero de 2006 al médico español José Colastra y su hijo, quienes fueron liberados días después del pago de dinero por su libertad. EFE/ProcesoDigital
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