Nuestros vecinos izquierdistas |
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Lo segundo, en enfrentarse al FMI. Falso. Todavía se recuerdan vivas las contradicciones del general De Gaulle con el Fondo, y en América fue Carlos Lleras Restrepo el que primero se rebeló contra sus órdenes. Cuando en 1966 el Fondo le ordenó a Colombia una devaluación masiva, Lleras lo denunció por tratarnos “sin ninguna consideración ni respeto por la equidad y la justicia”. Lo mandó a freír espárragos, dispuso el control cambiario en el Decreto 2867 de aquel año y se inventó la devaluación gota a gota, que le copiaron en buena parte del mundo capitalista de la época. Lo tercero, en nacionalizar los bienes estratégicos de la producción. Falso. Esa imbecilidad ya fue cometida por la derecha. Después de la Segunda Guerra Mundial, todos los países de Europa Central se apropiaron de las líneas aéreas, los bancos, las fábricas de automóviles, las de telefonía y minería. El problema después fue desnacionalizar, comprobado el desastre que produjo esa tontería. Todavía, algunos países mantienen jurásicas compañías estatales, focos de ineficiencia y fuentes de pérdidas. Alitalia será privatizada en breve, cuando el poderoso fisco italiano ya no tiene cómo alimentarla. Y en América Latina, fuimos campeones en esa estrategia, comprobadamente suicida. Lo cuarto,
en no pagar las deudas. Eso no es ser de izquierda, sino ladrón.
Y nadie se atrevería a sostener que todos los ladrones han sido
y son de izquierda. Los gobiernos de Chávez y Castro no son modelos
de pulcritud y el primero de Ortega ha sido de los más corruptos
de América, acaso comparable con el de Somoza, un bello ejemplar
de la derecha ladrona. Lo quinto, es confiscar el petróleo y los recursos mineros. Vieja tentación a la que sucumbieron regímenes de ambos lados, con resultados igualmente desoladores. Lo sexto es ahuyentar la inversión extranjera, porque compromete la soberanía y es el detestable estiércol del imperio. Con ese estiércol han salido y están saliendo de la pobreza Singapur, Hong Kong, Malasia, Tailandia, Chile y México. Nosotros hacemos lo que podemos para que nos manden de ese abono y no hay un solo país que haya salido de pobre sin capital extranjero. Nada de
la receta política de estos quíntuples es nuevo. Pero
todo es torpe y anacrónico. Pobres países los nuestros,
víctimas de la más infecta demagogia, a la que llamó
el propio Ortega: “Una forma de degeneración intelectual”.
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