| Ban
Ki-moon hereda |
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Considerado un reformista convencido, Annan llegó a su despacho en el piso 38 del "Palacio de Cristal" -como así se conoce la sede de la ONU en Nueva York- tras escalar los peldaños jerárquicos de la propia organización mundial. Ocupó su sillón en un momento en que Washington veía con recelo la organización internacional, por lo que heredó una organización al borde de la bancarrota por el impago de EEUU a sus cuotas. Sin embargo, Annan no se amilanó ante las adversidades y logró uno de sus mayores éxitos en su primer mandato, recuperar la dañada imagen de la ONU, algo que parecía casi imposible, y darle el papel que se merece como organismo indispensable para la paz y seguridad. Su profunda
visión humana de la vida, unida a la constante reivindicación
de las necesidades de los más pobres le han hecho muy popular
en el mundo en desarrollo, sin contar con que es el primer secretario
general de la Africa negra, una parte del continente También ha sabido navegar en medio de los juegos diplomáticos de los más poderosos -los cinco permanentes del Consejo de Seguridad (EEUU, Reino Unido, Francia, China y Rusia)-, por lo no estuvo exento de críticas en momentos delicados. El cambio de estilo en la manera de dirigir la organización ha sido palpable en muchas esferas, pero quizás lo más significativo es su capacidad de autocrítica. Ello se evidenció cuando puso de manifiesto públicamente el fracaso de las misiones de paz en Bosnia y Ruanda, pese a que en aquellos años Annan era el responsable de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU. Tampoco han pasado por alto sus enormes esfuerzos para convencer a los jefes de Estados y de Gobierno que fijaran los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellos la erradicación de la pobreza. Apodado el "papa secular", Annan logró el Premio Nobel de la Paz en el 2001, algo que sólo había conseguido un anterior secretario general, el sueco Dag Hammarskjold, y el galardón lo recogió poco después que hubiera aceptado dirigir la ONU por un mandato de cinco años más. Pero su acercamiento a Washington, que tanto le ayudó en su primer mandato, se truncó con el gobierno de George W. Bush, pero el punto de inflexión se produjo tras la decisión de EEUU de invadir a Irak, en marzo del 2003.
Mediante sus reformas, las más ambiciosas en la historia del organismo, ha logrado que órganos como la Asamblea General hayan recuperado parte de su autoridad, pero aún así se ha quedado a medias, especialmente en un asunto tan importante como la ampliación del Consejo de Seguridad, el máximo órgano de decisión. Annan, que abandonará su cargo a fines de diciembre, también ha desempeñado un papel importante, aunque sin éxito, en conflictos enquistados como el del Sahara, Chipre, Sudán y Oriente Medio, aunque, pese a ello, sus esfuerzos han sido alabados. Hay quienes
desconfían que Ban, de hablar suave y escurridizo, pueda superar
la impronta moral de Annan, con lo que nadie duda que dejará
una profunda huella en la organización, cada vez más dividida
entre los países ricos y pobres. EFE |
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