En un
auto notificado hoy, el juez Santiago Pedraz libra estas órdenes
contra los ex presidentes Efraín Ríos Montt, Oscar Mejía
Victores y el ya fallecido Fernando Romeo Lucas García.
Aunque Romeo Lucas murió en mayo pasado en Venezuela, Pedraz
se
ha visto obligado a incluirle en el auto porque aún no hay constancia
oficial de su fallecimiento en el procedimiento, según fuentes
jurídicas.
El magistrado también emite órdenes de busca y captura
contra el ex ministro de Defensa Angel Aníbal Guevara, el antiguo
director de la Policía Nacional Germán Chupina Barahona,
el que fuera jefe del Comando Seis de la Policía Pedro García
Arredondo, el antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército Benedicto
Lucas García y el ex titular de Gobernación Donaldo Alvarez
Ruiz.
Según las fuentes, Alvarez Ruiz se encuentra fuera de Guatemala
y
está localizado en una ciudad de California (EEUU).
En su auto, el magistrado Pedraz, quien hace suyos los argumentos del
fiscal, hace referencia a la falta de cooperación y actitud "obstruccionista"
de estas personas en la investigación que lleva a cabo la Justicia
española sobre delitos de genocidio en Guatemala.
El juez acuerda la prisión provisional comunicada y sin fianza
de estas ocho personas "a los efectos de su detención y
extradición a nuestro país".
También cursa las órdenes de detención "para
que sean aprehendidos y puestos a disposición de la autoridad
judicial española, a fin y efecto de responder de los delitos
que se les imputan".
Embargo
de propiedades
Además de ordenar su búsqueda y captura y su prisión,
decreta "el embargo de todos los bienes de los que los mismos sean
titulares (...), a los efectos de garantizar las responsabilidades pecuniarias
y civiles correspondientes", así como el bloqueo de sus
cuentas bancarias.
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Pedraz
tomó esta decisión después de que la Fiscalía
denunciara que durante el reciente viaje del juez a Guatemala
"se ha detectado una clara, constante y voluntaria falta
de cooperación con la autoridad judicial española
en la investigación de los hechos denunciados" por
parte de los imputados, que impidió al magistrado tomarles
declaración a ellos y a los testigos. |
"Efectivamente,
con su actitud obstruccionista han bloqueado de hecho (y en el fondo
de derecho) no sólo sus declaraciones, sino también la
de los testigos que se habían propuesto", señalaba
el ministerio público en su escrito.
Añadía que "la cascada constante y continua de recursos,
evitando el lógico actuar del órgano judicial, no sólo
ha impedido que conocieran la imputación, sino también
que los testigos propuestos pudiesen contar al instructor su verdad
sobre lo en realidad acontecido, logrando de esta manera ver satisfecho
su legítimo interés de acceso a la Justicia".
Considerando que concurren en los antes citados "fundados indicios
de la comisión de sendos delitos de terrorismo, torturas, genocidio,
asesinato y detención ilegal de los que serían autores",
la Fiscalía pedía la adopción de medidas cautelares
"para evitar que (...) campen por sus respetos burlando la jurisdicción
española".
De hecho, el interrogatorio a un grupo de militares y dos civiles de
Pedraz en Guatemala quedó suspendido en junio pasado, debido
a que la Corte de Constitucionalidad (CC) amparó de forma provisional
al general golpista Ríos Montt, quien presentó un recurso
ante ese organismo para evitar esas indagaciones.
En diciembre de 1999, la Premio Nobel de la Paz la guatemalteca Rigoberta
Menchú presentó ante la Audiencia Nacional española
una demanda por delitos de genocidio, terrorismo de Estado y torturas
durante el conflicto armado en su país (1960-1996).
Según fuentes jurídicas consultadas, durante los años
en los que los reclamados ejercieron el poder en Guatemala, se calcula
en unos 250.000 los miembros de la etnia maya asesinados.
Además de los delitos de lesa humanidad, los imputados deberán
responder por el asalto de las fuerzas de seguridad guatemaltecas el
31 de enero de 1980 a la embajada de España, donde murieron 37
personas, entre ellas tres españoles y el padre de Menchú,
así como
por los asesinatos de cuatro sacerdotes españoles en la década
de los 80. EFE