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"El
Efecto Mozart" perdura en el 250 aniversario del compositor |
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Los estudios sobre ese uso de la música de Mozart, para algunos pseudo-científicos, comenzaron a proliferar cuando la terapia pasó a convertirse en una moda y, por extensión, en un negocio que abarca colecciones de discos compactos, libros y una página en Internet. La empresa, como tal, surgió en Estados Unidos de la mano del músico y maestro Don Campbell, quien en los años 90 acuñó el término de "El Efecto Mozart" para definir el potencial que tienen las composiciones del músico para inspirar y estimular la mente. Los productos de "El Efecto Mozart" han sido diseñados "para obtener distintas mejoras, como el aumento del coeficiente intelectual, el estímulo de la creatividad y la exploración del movimiento y la expresión corporal", según Campbell. El autor asegura que la música, en particular la de Mozart, ha ayudado a mejorar la vida de muchas personas, entre ellas el actor francés Gerárd Depardieu, que de niño superó la tartamudez mediante una terapia musical. En su página web, www.mozarteffect.com, también publica un artículo que reseña que el primer ministro israelí Ariel Sharon ha estado escuchando música clásica, incluido Mozart, como parte de su recuperación tras su operación quirúrgica cerebral. Campbell, así como otros entusiastas de "El Efecto Mozart" en todo el mundo, aseguran que la música del compositor austríaco ayuda a mejorar la concentración, bajar la presión arterial, reducir la ansiedad y tratar el autismo. Un estudio citado por Campbell sostiene que los fetos de las embarazadas se sienten más a gusto al escuchar a Mozart o Vivaldi, mientras que los que escuchan rock comienzan a patear el vientre de sus madres y registran una aceleración de los latidos del corazón. El pionero en descubrir los supuestos beneficios neurofisiológicos de Mozart fue el profesor y médico francés Alfred Tomatis, que hace 40 años ya realizaba tratamientos de desórdenes infantiles y depresión adulta utilizando su música. Para Tomatis, "Mozart fue un virtuoso del sistema neurovegetativo y un especialista en neurología funcional", y hay varias maneras de probar las cualidades terapéuticas excepcionales de su música, como el análisis estético y psicológico de sus composiciones. La clave está, según músicos y científicos, en la forma como Mozart repite sus melodías, esto es, cómo tiende a repetir regularmente sus secuencias musicales. Al
cerebro humano, añaden, le encantan los patrones y las melodías
bien organizadas. En EEUU, estas nociones ganaron el apoyo científico tras la publicación, en 1993, de un estudio que mostraba que un grupo de universitarios que escucharon música de Mozart tuvieron un mejor rendimiento en una prueba de razonamiento espacial que quienes no lo escucharon. Pero la sabiduría popular trastocó el estudio, simplificando sus conclusiones en la noción de que escuchar a Mozart aumenta la inteligencia o que, incluso, tiene poderes "mágicos". Es
así como se han publicado libros como "Mozart para Mamis y
Papis: Estimule el Coeficiente Intelectual de su Hijo", o cómo
un viñero italiano, Carlo Cagnozzi, asegura que "las uvas
responden a 'La Flauta Mágica', porque es una composición
bien equilibrada". EFE |
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