| La
desesperación y el hambre traicionó a Rápalo |
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| 29 de diciembre de 2005 | ||||
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''No canta mal, hay que decirlo'', ironizó ayer el sargento Robert Pérez, de la Policía de Miami-Dade, en una conferencia de prensa con otros colegas que participaron en la captura del supuesto violador de Shenandoah. Rápalo fue capturado el lunes pasado alrededor de las 10 p.m. después que la policía recibió una información confidencial sobre su paradero. Transportado de inmediato a las instalaciones del Departamento de Policía de la Florida (FDLE), pidió comida y le trajeron arroz con frijoles y una soda. ''El se sentía tan bien con nosotros, tan relajado, que comenzó a cantar corridos mexicanos, como si fuera un mariachi'', afirmó Pérez. Pero el ambiente musical duró poco. De inmediato comenzó un férreo interrogatorio, de unas seis horas, durante las cuales áapalo contó a los policías su versión de las andanzas en esos días. Así, tan pronto escapó de la celda de máxima seguridad de la cárcel Turner Guilford Knight (TGK), en la noche del 20 de diciembre, Rápalo se dirigió rumbo a una línea de ferrocarril adyacente al inmueble, donde estableció contacto con unos desamparados que le brindaron agua y un par de dólares. ''El les dijo abiertamente que se había fugado de la cárcel'', añadió Pérez. Después siguió caminando rumbo sur por la línea de ferrocarril, mirando al cielo por miedo a ser localizado por los helicópteros policiales, hasta que llegó a la esquina de la avenida 70 del SW y la calle Flagler y desde una gasolinera hizo una llamada telefónica a una persona aún no identificada, según las autoridades, a la cual le pidió que se encontraran. Mujer le da ayuda Esa persona le trajo comida y estuvieron conversando toda la noche. Según Pérez, pudiera tratarse de una mujer sobre la cual no quiso proporcionar detalles ni confirmar si ha sido arrestada. Al amanecer del segundo día, Rápalo caminó hasta un bosquecillo cerca de Bird Road y la avenida 67, donde improvisó un refugio con una manta que encontró allí, un pedazo de metal azul y ramas de árboles. ''Estaba bien camuflado, era difícil distinguirlo'', explicó Rafael Durán, también sargento de la policía del condado.
''El sabía que no podía regresar a La Pequeña Habana porque estábamos haciendo mucha presión sobre sus conocidos'', indicó Durán. Al menos en una ocasión, revelaron las autoridades el martes, una de las personas que contactó rehusó ayudarlo. Tomado de elnuevoherald.com |
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