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John Roberts, designado presidente de la
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El juez no pasó por grandes apuros para recibir el visto bueno del Senado. Contaba con el respaldo del influyente Colegio de Abogados, del Partido Republicano y de varios demócratas que, si bien expresaron sus dudas sobre la ideología conservadora del juez, decidieron que no tenían suficientes argumentos para tumbar su candidatura. A lo largo de su audiencia de confirmación, Roberts se mostró hermético en sus respuestas. Haría un buen jugador de póquer. O un buen portavoz presidencial. Respondió siempre, cada vez en tono educado, sin perder la compostura, pero sin decir nunca nada. Al menos, nada que pudiera usarse en su contra. Hasta tal punto no quiso comprometerse ante el Comité Judicial del Senado que, a la pregunta de una demócrata de si estaba de acuerdo con que la vida era lo opuesto a la muerte, dudó antes de contestar. Y su 'sí' fue cualificado. En la votación de hoy, sólo 22 demócratas, los más liberales, votaron en su contra en el pleno del Senado. Argumentaban dudas sobre la posición de Roberts en torno a los derechos de las minorías y al aborto, pero el suyo fue, más que nada, el derecho al pataleo. Que el juez iba a salir confirmado era algo cantado. Los demócratas tienen ya la vista puesta en la segunda vacante en el Supremo, la que ellos consideran que puede romper el equilibrio en el tribunal. Su
trayectoria Tras su licenciatura trabajó como asistente para el juez Henry J.Friendly en un tribunal de apelaciones y más tarde lo hizo para el que fuera presidente del Supremo, el fallecido William Rehnquist. Roberts entró a formar parte del bufete de abogados Hogan and Hartson en 1986 y después pasó a ser asesor legal del presidente George Bush, padre del actual mandatario. El magistrado fue nombrado en 1992 para el tribunal federal de apelaciones -donde desempeñaba su cargo hasta que Bush se fijó en él-, pero su designación para este puesto quedó diluida con la llegada de Bill Clinton a la presidencia. Entonces decidió regresar a Hogan and Hartson, donde permaneció hasta que en 2003 el actual inquilino de la Casa Blanca lo designó como juez del tribunal federal de apelaciones. Como tal fue uno de los magistrados que dictaminó que los tribunales militares en la base de Guantánamo podían seguir adelante. A los conservadores les gusta el historial de Roberts en lo que concierne al aborto, a las relaciones Iglesia-Estado y al medio ambiente. Pero tampoco le consideran un derechista a marchamartillo y algunos tienen dudas de que vaya a ser lo suficientemente conservador como presidente del Supremo. Durante su etapa como asesor de Bush padre, defendió la postura de la Casa Blanca de que la decisión de legalizar el aborto debería ser derogada. Entre otras cosas, argumentó con éxito ante los tribunales que las clínicas sufragadas con fondos federales no podían hablar a sus pacientes sobre el aborto. El magistrado ha defendido 39 casos ante el Supremo en representación de sus clientes cuando trabajaba como abogado. Está
casado y tiene dos hijos adoptados, Josie, de cinco años, y Jack,
de cuatro.
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